
Aprovechando además la visita de Jordi Savall a la iglesia de Santa Isabel, también conocida popularmente como San Cayetano, qué mejor que retomar el texto de Philippe Beaussant, nadie como él para expresar las pulsiones de un siglo y para hablarnos de dos genios de la música:
Por una parte, ilusión, gratuidad, disipación, engaño barroco, arte del movimiento y jesuitas, nobleza de la corte, ópera, fiesta, luces;pero por otra parte, severidad, rigor, aspereza, jansenismo, interés meticuloso por las reglas del derecho, burguesía en expansión. Moral y estética se mezclan. Es un combate sin compasión: cada hombre de esta época lo lleva dentro de sí. El mismo es un campo de batalla.
Y sucede así, sin duda, porque este combate es estético y religioso a la vez. Pascal, aunque era jansenista, nos ha proporcionado la mejor definición de esta lucha sorda que tiene lugar a lo largo de todo el siglo: "todo es uno, todo es diverso ¡Cuántas naturalezas en ésta del hombre!". Él mismo se encontraba en el corazón del conflicto.
Música de corte, de apariencia y del divertimento: música de rigor y de severidad. Ambas coexisten en el siglo XVII. De este modo, si contraponemos a un Marin Marais versallés y a un Sainte Colombe recluido en su gravedad y en su austeridad, podemos hacernos un dibujo, a la vez, moral, espiritual , social y estético del conflicto interior y secreto de este siglo. Romain Rolland escribía en la primera página de Musiciens d'autrefois que no existe un testimonio mejor de las profundidades de la historia que la música; Marin Marais y Sainte Colombe le dan la razón.
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