
Esto me lleva otra vez a Godard, el director de cine franco-suizo. Él era consciente de los problemas que a veces supone la lengua, por eso se sirvió de otras disciplinas artísticas para expresar aquello que no podía decir con palabras. Como en un collage, superpuso textos, anuncios publicitarios, obras de arte, etc. que llenaban de significado sus películas. Claro que esto le supuso la denominación de cine para eruditos.
Aunque de todas las artes de la más que se sirvió fue la literatura, es la que más ha alimentado su cine.
El film Alphaville planteado como una contrautopía consigue salir de la desasosegante sociedad dirigida por Alpha60, un ordenador totalitarista, por medio de la poesía. El texto en cuestión es La Capitale de la douleur de Paul Éluard. Una propuesta terapeutica. La literatura consigue devolver a Natacha Von Braun la conciencia del lenguaje. Al eliminarse el verdadero significado de las palabras, de la lengua, los habitantes de Alphaville han perdido la emoción, es una sociedad alienada. Se desenvuelven con formulas lingüísticas hechas, que no son más que el lenguaje vaciado de su significado. El vocabulario relacionado con el amor y con los sentimientos se ha olvidado. Lemmy Caution, el personaje que devuelve la luz a Alphaville es comparado con Prometo, aquel que llevó el fuego....y esa luz, es sin duda, la literatura.
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