Vuelvo a la estética japonesa y es que me priva, no lo puedo remediar! Estoy pensando en hacer Kendo. Hace un tiempo, cuando iba al polideportivo del campus y veía a los chicos del Kendo me quedaba hipnotizada mirando, tratando de escudriñar cómo serían los chicos que se ocultaban tras los protectores, con esa indimentaria tan del Jápón ancestral..y verlos en el combate, chicos, todo un espectáculo lleno de belleza. Espero estar yo este año allí..con ellos.Y para concluir este breve post de corte japonés os voy a poner un pequeño texto del último libro que he leído, una pequeña joya de Junichiro Tanizaki, El cortador de cañas...
Es una delicada historia de amor a la oriental donde se entremezcla la literatura japonesa antigua, con un final que genera el mismo efecto que un haiku, y además, nos acerca a la estación próxima que es el otoño, y de la que yo me declaro fan incondicional.
A mí también me venían visiones del pasado al contemplar esta luna. Debe ser mi edad, dije asomándome a su rostro. Será efecto de los años ¿no le parece? Este año más que el pasado, y el pasado más que el anterior...Con cada año que pasa yo me hago más sensible a una tristeza, una desolación en el otoño, una melancolía estacional, que no sé de dónde viene ni por qué. Pero el sonido del viento me despierta: Moviendo las persianas de mi puerta sopla el viento de otoño: hemos tenido que llegar a esta edad para saborear auténticamente esos poemas antiguos.
Pero eso no quiere decir que yo aborrezca el otoño por ser triste. Cuando yo era joven lo que más me gustaba era la primavera, y en cambio ahora me ilusiona más el otoño. Según se hace uno viejo va llegando a una especie de resignación, una disposición a aceptar el propio declive de acuerdo con las leyes de la naturaleza, y se llega a desear una vida tranquila y equilibrada. ¿no es verdad? Y enonces reconforta más un paisaje melancólico que una vista esplendorosa, y preferimos perdernos en el recuerdo de placeres pasados antes que entregarnos al placer real. Dicho en otras palabras, para una persona joven el apego al pasado no es más que una quimera que no tiene nada que ver con el presente, pero para una persona de edad no hay otra manera de soportar el presente.
(El Cortador de Cañas, Junichiro Tanizaki)






