Sólo lo imposible me enamora. Residuo, seguramente, de la vieja inclinación platónica que mantiene a distancia lo más preciado dando a entender, de paso, la indignidad de quien anhela. Le declaro la guerra a lo imposible. (...)
Lo posible, no vale la pena intentarlo. Eso dije entre lágrimas, las que me enturbiaban la visión de lo imposible. Lo posible, si es posible, decía, ya está hecho. Basta que algo sea posible para que sea. Me cansa el proceso, me cansa el resultado. Lo posible le pertenece al pasado antes de haberse realizado. No vale la pena intentarlo. Dirijo mi energía hacia lo imposible, es la meta que tensa mi atención y mis fuerzas, lo que me descubre en vías, siempre, de ser más que yo.
(Filosofía en los días críticos, Chantal Maillard)