Cuando nada espero ni busco ni pretendo, sólo queda ek movimiento mediocre y elemental de la vida, su mecanismo torpe y repetido. Pero el tiempo, categoría y aura de todas las cosas, ha sido abolido. El tiempo, sí, lo crea nuestra impaciencia, como a Dios lo crea nuestra soledad. En cuanto retiramos nuestra adhesión a las grandes abtracciones, se disuelven en el aire. Sin ahnelos por mi parte, ya no hay tiempo, sólo hay clima. Y quizás ni siquiera clima. Porque el tiempo metafísico y el tiempo climatológico van más confundidos de lo que parece. (...) El tiempo sin hombre se queda en meteorología.
(Mortal y Rosa, F. Umbral)

