Una estrella que muere se parece a tus labios que azulean como el vino derramado sobre el mantel. Transcurre un instante con hondura de mina. La antracita se queja sordamente y cae en copos sobre la ciudad. Hace frío en el callejón sin salida donde te conocí. Un número olvidado en una casa en ruinas creo que el número 4. Te reencontraré dentro de pocos días cerca de esa maceta de flores estrelladas. Las minas roncan sordamente. Los techos están cubiertos de antracita.Este peine en tus cabellos parece el fin del mundo. El humo el ave ancestral y al arrendajo allá se acabaron las rosas y las esmeraldas las piedras preciosas y las flores. La tierra se desmorona y se estrella con el ruido de una plancha sobre el nácar, pero tus cabellos tan bien trenzados tienen la forma de una mano.
(La idea fija, Robert Desnos)
