La lluvia de este día y la conversación sobre musicales que he tenido esta mañana, me han hecho recordar Les parapluies de Cherbourg, con la bellísimima Deneuve y cómo no, la triste historia de amor.
En mi corazón, tú estás en paz. En mi cabeza, en cambio, te agitas y te inquietas, vas y vienes de atrás hacia delante, de adelante hacia tu imagen que en el pasado se reactiva para adueñarse de mis días y de mis horas. Puedo decir que construyo el presente a tu imagen. En mi corazón estás en paz. Pero en mi mente eres el rastro de un boomerang que perpetúa su elipse sobre mi vientre. La distancia entre mi vientre y mi cabeza es la que dicta la voracidad de la memoria, esa inmensa necesidad de representación que le hace ingerir todo suceso tan sólo para poderlo regurgitar en los tiempos vacíos. (...)
En mi corazón, estás en paz. ¿Por qué será tan débil el corazón? ¿Por qué no tendrá fuerza o valor suficiente para extenderse como un manto por mi cuerpo y apaciguar el fuego que arde a destiempo, cuando las brasas son sólo un reflejo en el tiempo, cuando ninguna pradera ofrece sus rastrojos?
No es el corazón el que arde, es la mente que no concilia aún los tiempos de la existencia y que juega, sin saber, como un niño malcriado, a lo eterno. Y ahí, tú, estás en paz.
(Filosofía en los días críticos, Chantal Maillard)

