Esta foto tiene la capacidad de conmoverme. La actitud de ella, romántica y entregada, y Chet, como dice Ernest, bajo ese rostro de aparente calma, casi se pueden ver las heridas del alma. Será por eso que cada vez que la miro me transmite algo intenso, una intimidad cercana y emocionante. Algo que va más allá de una simple imagen. Harta de su matrimonio fracasado, decidió convertirse en una mujer de sociedad. Después de años de una vida rutinaria, y sin más alicientes que pensar en el menú diario, creyó que ya era hora de cambiar. Ella era culta y educada, pensó que tenía dos cosas a su favor para ser una mujer de mundo, y triunfar en las reuniones de la Alta Sociedad del momento. Lo primero era entrar en un círculo social no demasiado cerrado, y por supuesto, ávido de integrantes. Fue a parar al A.C.S. (Amas de Casa de Sociedad). Reunidas en el Salón York de la calle 94, las mujeres de la A.C.S. hablaban de recetas de muffins y compotas de tempora. De cómo preparar la merienda perfecta, a la hora perfecta, en la más perfecta compañía. Por supuesto, todas estaban entregadas a las peroratas de la integrante fundadora del club. Mientras disertaba de chocolates y crème fraîche, Alice enredaba su dedo en su bonito collar de perlas pensando en la urgencia de tomarse un whisky con agua.
(Crónicas de Sociedad by Miette. Continuará)
