Os dejo unas líneas de un clásico de La fée aux Miettes, Justine de Durrell. Maravilla.
La habitación pertenecía por completo a Melissa: el mísero tocador lleno de fotos y de cajas polvos vacías, la graciosa cortina que palpitaba suavemente en ese atardecer sofocante, como la vela de un barco. Cuántas veces habíamos reposado el uno en brazos del otro, observando la lenta respiración de esa tela transparente y brillante...A través de todo eso, como a través de la imagen de alguien muy querido que se sostiene en el lente de aumento de una lágrima gigantesca, vi avanzar el moreno y rígido cuerpo desnudo de Justine. Hubiera tenido que estar ciego para no comprender hasta qué punto había en su resolución una mezcla de tristeza. Nos quedamos largo rato mirándonos cara a cara ;nuestros cuerpos se tocaban, sin comunicarse otra cosa la lasitud animal de aquel atardecer moribundo.

