Os dejo unos cadáveres exquisitos que he hecho esta mañana con Bea, el Hada Buena:
La belleza chispeante se ausentaba sin ton ni son. El efecto insolente amaneció contra las cuerdas, mientras, un gendarme con fervor tararea en las zapaterías.
La hilandera magnífica soñaba insistentemente, y la pereza con copete imaginó sin parar. Un puerto inconmensurable, y libros intrépidos tomaban café. Y un cañón circunspecto buceaba con entusiasmo...y mientras tu ausencia se hacía más presencia.

