Morimos a cada instante, y la memoria ya no pesa, sólo nos alumbra en pleno día. Recuerdas aquel hombre que construía palacios? Miraba siempre desde el otro lado del muro.
Me fui al frío, para sentarme a contemplar tus palabras en una fuente helada. Acuérdate de los que dicen estar muertos, de aquellos que olvidaron la poesía. Levanto la mano... y una flor nace en cada extremo del dedo...

