Ante las ruedas rotas de un viaje imaginario yo te decía: abramos el mar.
Ante la espada desnuda sembrada de estrellas yo te decía: habito la corola.
Ante el espejo oval de tu belleza yo te decía. confundamos la hoguera.
Ante el día que pasaba entre tus labios yo te decía: una hora más de fiebre
Ante el furor que aullaba en el balcón yo te decía: el verano!
(Roland Giguère, Ante lo fatal)
